Todos tenemos miedo al sufrimiento, pero acercarnos a él nos hace más humanos. Particularmente nos parece inquietante vivir en una sociedad que no ha aprendido a aceptar que hay un sufrimiento inevitable. En este aprendizaje reside el núcleo de ese concepto tan actual que hoy llamamos resiliencia. Pero la resiliencia quizás sabe a poco. Porque dibuja un modo de enfrentarse al sufrimiento concebido desde la propia capacidad. Y para transitar el sufrimiento la principal ayuda es sentirse acompañado. Al fin y al cabo, la razón más convincente para sufrir -la más humana- es el amor. La solidaridad es sólo uno de sus apellidos. Nos hemos acercado a seis personas. Seis historias que nos ayudan en este aprendizaje.

